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martes, 7 de mayo de 2013

Sin título

Bueno, esta entrada está dedicada a un pequeño cuento escrito por mí que me pidieron para clase, pero bueno, he decidido colgarlo en Internet también.


La gente del pasado no estaría nada satisfecha con la situación de ahora, pues siempre se cree que en un futuro las cosas mejorarían hasta un punto en que el sufrimiento y otras muchas desgracias fuesen una simple leyenda de siglos pasados. Debido a las guerras que sucedieron después de que el mundo estuviese a punto de acabarse para la raza humana, la supervivencia se convirtió en lo primero, y los recursos eran escasos, eso provocó que la mayor parte de la gente se revelara porque solo algunos, los más afortunados, tenían acceso a esos recursos indispensables.                                                                                                                                        
Alemania, año 2500, la supervivencia sigue siendo una prioridad en la vida de la gente, pero yo no estoy entre ellos. Soy director de una de las franquicias de bancos más importante a nivel mundial y eso hace que el pan no falte en la mesa ningún día.
Un día como otro cualquiera entré en el banco, y observé con cautela que había un cliente de baja estatura y desaliñado que estaba dando voces a Clarissa, la cajera, se notaba que no controlaba la situación porque cada vez el hombre subía más la voz y ella se encogía detrás del mostrador con las lágrimas a punto de saltar de sus ojos. Cuando decidí intervenir el hombre tuvo la desfachatez de decirme que estaba montando ese escándalo porque no le habíamos concedido el préstamo que necesitaba para pagar la operación de su hijo, ni que yo tuviera la culpa, le había dicho, que su hijo necesitase una operación y él no fuese acto para recibir el préstamo porque no teníamos garantía de que lo fuese a devolver, no era mi culpa. El hombre se indignó mucho, y prometió que ese asunto no se quedaría en un simple rechazo.
Ojalá hubiese sabido que ese hombre no era un ignorante que no podría hacerme daño. A la semana siguiente de aquel incidente del préstamo alguien había puesto una bomba en el banco, destruyendo hasta el último billete, gracias a Dios yo no estaba en él en ese momento, pero sabía que no era un coincidencia, pues la nota que encontré cuando llegué allí me indicaba que la persona que lo había hecho era alguien que no me quería muerto, no, quería verme suplicar por algo que hasta ahora para mí había sido un simple matiz en mí vida, antes la supervivencia para mí era algo con lo que la clase media y baja ,gente de la que nunca sentí empatía, debía afrontar, pero ahora me tocaba a mí apechugar. Lo peor de todo es que no tenía con quién compartir mis desgracias, hasta ahora el dinero para mí había sido mi compañía, pero, algo que nunca pensé me pilló desprevenido, me dejó sin nada. En la nota ponía lo siguiente, y qué razón llevaba: ¿Y ahora quién necesita un préstamo?

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