Bueno, esta entrada está dedicada a un pequeño cuento escrito por mí que me pidieron para clase, pero bueno, he decidido colgarlo en Internet también.
La gente del pasado no estaría nada satisfecha con la
situación de ahora, pues siempre se cree que en un futuro las cosas mejorarían
hasta un punto en que el sufrimiento y otras muchas desgracias fuesen una
simple leyenda de siglos pasados. Debido a las guerras que sucedieron después
de que el mundo estuviese a punto de acabarse para la raza humana, la
supervivencia se convirtió en lo primero, y los recursos eran escasos, eso
provocó que la mayor parte de la gente se revelara porque solo algunos, los más
afortunados, tenían acceso a esos recursos indispensables.
Alemania, año 2500, la supervivencia sigue siendo una prioridad
en la vida de la gente, pero yo no estoy entre ellos. Soy director de una de
las franquicias de bancos más importante a nivel mundial y eso hace que el pan
no falte en la mesa ningún día.
Un día como otro cualquiera entré en el banco, y observé con
cautela que había un cliente de baja estatura y desaliñado que estaba dando
voces a Clarissa, la cajera, se notaba que no controlaba la situación porque
cada vez el hombre subía más la voz y ella se encogía detrás del mostrador con
las lágrimas a punto de saltar de sus ojos. Cuando decidí intervenir el hombre
tuvo la desfachatez de decirme que estaba montando ese escándalo porque no le
habíamos concedido el préstamo que necesitaba para pagar la operación de su
hijo, ni que yo tuviera la culpa, le había dicho, que su hijo necesitase una
operación y él no fuese acto para recibir el préstamo porque no teníamos
garantía de que lo fuese a devolver, no era mi culpa. El hombre se indignó
mucho, y prometió que ese asunto no se quedaría en un simple rechazo.
Ojalá hubiese sabido que ese hombre no era un ignorante que
no podría hacerme daño. A la semana siguiente de aquel incidente del préstamo
alguien había puesto una bomba en el banco, destruyendo hasta el último
billete, gracias a Dios yo no estaba en él en ese momento, pero sabía que no
era un coincidencia, pues la nota que encontré cuando llegué allí me indicaba
que la persona que lo había hecho era alguien que no me quería muerto, no,
quería verme suplicar por algo que hasta ahora para mí había sido un simple matiz
en mí vida, antes la supervivencia para mí era algo con lo que la clase media y
baja ,gente de la que nunca sentí empatía, debía afrontar, pero ahora me tocaba
a mí apechugar. Lo peor de todo es que no tenía con quién compartir mis
desgracias, hasta ahora el dinero para mí había sido mi compañía, pero, algo
que nunca pensé me pilló desprevenido, me dejó sin nada. En la nota ponía lo
siguiente, y qué razón llevaba: ¿Y ahora quién necesita un préstamo?